Cuento Africano (II)

Este cuento me lo contaba mi abuela, en Gambia, cuando era pequeño. ES un cuento popular africano que sigue perdurando en nuestra memoria.En esta ocasión, os compartimos la segunda parte de este Cuento Africano (II).

 

Este cuento lo podéis encontrar en un libro de Amadou Hampaté Ba que recopiló algunos cuentos en Cuentos de los sabios de África (Paidós, 2010).

 

Un cuento africano es un trozo de historia de África. La tradición oral ha tenido y sigue teniendo mucha relevancia para transmitir la historia generación tras generación.

 

 

Segunda Parte del

Cuento Africano (II)

 

 

El rey que quería matar a todos los viejos

o nadie puede verse la coronilla.

 

cuento africano (II)

 

Seguimos con el cuento del rey M’Bonki, que quería matar a todos los viejos,  y cómo los jóvenes también veían peligrar su vida…

 

                                 A la mañana del tercer amanecer los jóvenes se encontraban en la plaza del palacio, con las cabezas gachas y los ojos rojos de tanto pensar día y noche en aquello que los esperaba.

 

Apareció el rey.

                -Y bien, ¿habéis trenzado mi traba?

 

Nadie osaba abrir la boca. Se hizo un pesado silencio.

                –Os doy tiempo de diez parpadeos para responder-tronó el rey-. ¡De lo contrario, el verdugo empezará a hacer su trabajo y su mano sólo se detendrá cuando no quede ninguno!

 

 

Armándose de valor, Taasi dio un paso al frente y dijo:

                -Oh, rey, caballero sin igual cuyo alazán dorado sólo bebe de la leche de las vacas blancas del Sahel, todos nosotros, tus súbditos, somos serviciales hasta la muerte. ¿Acaso no hemos matado a nuestros padres a una palabra tuya?

                …Si todavía no hemos tejido tu traba no es porque no queramos hacerlo, pues por nada del mundo querríamos disgustarte. Pero en nuestro afán de satisfacerte y de hacer un trabajo perfecto, querríamos que nos enseñaras tu vieja traba de arena para que nos sirva de modelo.

Estudiaremos la trama y tejeremos para ti una nueva traba tan hermosa que será admirada por todos.

 

Un suspiro de alivio recorrió la asamblea de los jóvenes…

 

El rey se quedó callado un momento. Después se levantó bruscamente, hizo una señal con la mano y dijo, refunfuñando:

                -¡Está bien, podéis iros! ¡Y volved mañana por la mañana!

 

 

Al día siguiente, el rey les dijo:

                -Ayer fuisteis muy insolentes. No sólo no hicisteis lo que os ordené, sino que, con vuestra petición, me habéis arrebatado cualquier posibilidad de acusaros. ¡Pero no creáis que os habéis librado! Os ordeno que me construyáis un palacio flotante entre la tierra y el cielo. Marchaos, cumplid mi orden y volved en una semana. ¡Vuestra cabeza está en juego!

Más abatidos que nunca, los jóvenes se dispersaron.

 

cuento africano (II)

 

Como de costumbre, al atardecer Taasi fue a reunirse con su padre en secreto.

                –Padre-le dijo-. Esta mañana el rey nos ha pedido que construyamos un palacio suspendido entre la tierra y el cielo. ¡Esta vez sí que estamos perdidos!

                -¡No!-le aseguró el anciano. Y depositó en su oreja lo que tenía que responderle al rey.

 

Al día siguiente, Taasi comunicó a sus compañeros que había tenido una nueva idea durante la noche y se la explicó.

Para evitar que el rey descargara su ira únicamente en Taasi, acordaron que el día en que tenían que presentarse ante él, el más mayor hablaría en nombre de todos.

 

cuento africano (II)

 

Al llegar la mañana del séptimo día, todos los jóvenes se reunieron en la plaza. El rey salió de su palacio flanqueado por dos servidores provistos con largos abanicos para espantar a las moscas y darle aire. Convencido de que esta vez sus jóvenes súbditos no tendrían la última palabra, se sentó, con aire satisfecho, en la tarima real.

                –Y bien-dijo-. ¿Habéis pensado en lo que os pedí? ¿Estáis preparados?

 

El mayor de los jóvenes se acercó.

                –Sí, rey, estamos preparados-respondió-. Hemos reunido todos los materiales necesarios y estamos preparados para empezar a trabajar inmediatamente. Pero para estar seguros de que el palacio flotante se corresponda exactamente con tus deseos, que no sea ni demasiado grande ni demasiado pequeño, ni demasiado alto ni demasiado bajo, te pedimos que traces para nosotros entre la tierra y el cielo el plano de sus cimientos.

Furioso, el rey les despidió y regresó a su palacio.

 

Unos días más tarde, les anunció:

                –Para castigaros os ordeno que os reunáis mañana en la plaza de las ejecuciones públicas, justo cuando el sol está suspendido sobre las cabezas de los hombres, la cima de los árboles y el lomo de los animales. Yo iré acompañado del verdugo. Si os encuentro al sol, le diré al verdugo que os corte la cabeza. Y si os encuentro a la sombra, haré lo mismo. ¡Marchaos! ¡Hasta mañana!

 

Aquella misma noche Taasi, desesperado, le explicó a su padre la nueva exigencia del rey.

                -No te preocupes-respondió su padre-. Esto es lo que tienes que hacer…

 

cuento africano (II)

 

… mbakam buka baka fon tabi aljana…

 

En el próximo post, la tercera y última parte de El rey que quería matar a todos los viejos (o nadie puede verse la coronilla).

 

 

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