Cuento Africano (III)

‘En África, cuando un anciano muere, una biblioteca arde’. Estas palabras de Amadou Hampaté Ba son muy conocidas. Este africano recopiló cuentos y relatos africanos a lo largo de su vida. En este Cuento Africano (III) queremos contar la tercera y última parte de el cuento El rey que quería matar a todos los viejos (o nadie puede verse la coronilla).

 

 

cuento africano (III)

 

Este es nuestro homenaje a la rica tradición oral del gran continente africano. Dirigido a grandes y pequeños, este cuento está extraído de la obra Cuentos de los Sabios de África (Paidós, 2010).

 

En definitiva, la tradición oral, siempre han sido una excelente fuente de conocimientos.

 

La sencillez de los cuentos y relatos revela la sabiduría que atesoran las historias transmitidas durante de padres/madres a hijos e hijas… de abuelas a nietos…

 

 

Disfrutad del relato que me contaba mi abuela en mi Gambia natal …

 

Cuento Africano (III) Tercera Parte

El rey que quería matar a todos los viejos

 

 

Cuento Africano (III)

 

Y al día siguiente por la mañana, cuando el rey llegó a la plaza de las ejecuciones, para su sorpresa, se encontró a todos los jóvenes debajo de unas nasas de pesca, pero unas nasas* (redes o cestas de mimbre) tejidas con cuerdas anchas cuyo trenzado estaba tan poco apretado que dejaba pasar la luz. De modo que sobre la piel de los jóvenes había al mismo tiempo sol y sombra…

                –¡Ajá! ¡Os habéis puesto a la sombra!-exclamó el rey.

                –¡No, rey!-respondieron los jóvenes-. Mira, estamos al sol.– Y le mostraron las manchas del sol sobres su piel.

                –Entonces, ¿estáis al sol?

                – No, rey. ¡Estamos a la sombra!– dijeron mientras le enseñaban las manchas de sombra en su piel.

                –Habéis vuelto a decir la última palabra-dijo el rey, irritado-. Pero la próxima vez no os libraréis tan fácilmente. Venid todos a la plaza del palacio mañana por la mañana. Si venís a caballo, el verdugo os matará. Y si venís a pie, os matará también.

 

Y regresó a palacio tan lleno de ira que andaba más rápido de lo que es deseable par un rey respetable.

 

Viajar a Gambia. Cuento Africano

 

Taasi fue a ver a su padre. En lugar de mostrarse aterrado por la nueva petición del rey, el anciano sonrió:

                –La solución es muy sencilla, hijo mío. Esto es lo que tenéis que hacer.

 

Y al día siguiente, cuando el rey M’bonki salió de palacio vio en la plaza mayor un espectáculo tan sorprendente que no pudo evitar sonreír: los jóvenes iban montados en unos asnos tan pequeños que sus pies tocaban el suelo. Y, sentados sobre sus monturas, avanzaban en todas direcciones por la plaza, espoleando torpemente sus cabalgaduras… La situación empezaba a divertir al rey.

  –¡Ay! ¡Por lo que veo vais todos montados!-exclamó el rey.

                –¡No, rey! Mira, estamos andando…

   –Entonces, ¿habéis venido a pie?

                –¡No, rey! Como ves, cabalgamos sobre el lomo de nuestras monturas.

 

Picado, el rey buscó un nuevo ardid.

                -¡Volved mañana!-les ordenó-. Si venís riendo, se os cortará la cabeza; y si venís llorando, también. ¡He dicho!

 

 

Al día siguiente, siempre siguiendo los consejos del anciano padre de Taasi, los jóvenes se empaparon los ojos con zumo de cebolla. Así que cuando entraron en la plaza mayor, derramaron abundantes lágrimas riendo a grandes carcajadas, de tan contentos como estaban de volver a jugársela al rey.

 

El rey salió del palacio. Al verlos llorando y riendo al mismo tiempo, no puedo evitar reírse él también.

 

Cuando su corazón se apaciguó, comprendió que sólo un viejo escondido en alguna parte había podido aconsejar así a los jóvenes.

 

                -¡Venga, tranquilizaos!-les dijo-. No os fastidiaré más. Lo único que os pido es que me digáis si alguno de vosotros ha conservado a su padre, pues las respuestas que me habéis dado no pueden venir de vosotros. Sólo la experiencia de una larga vida puede inspirar tal sabiduría…

 

 

Todo el mundo guardó silencio. Taasi, que no se fiaba, se calló también.

 

                –Si me decís la verdad no os haré daño-añadió el rey-. Yo, M’Bonki, rey del país de Tula-Heela, declaro por mis antepasados que si uno de vosotros ha escondido a su padre en alguna parte, me lo puede confesar sin miedo. Le salvaré la vida al anciano. Es más, le ofreceré un lugar de honor junto a mí, pues acabo de comprender que un rey sin consejeros mayores es como una fuerza ciega que golpea sin medida y va derecha al suicidio. Viajar en una noche oscura no deja de ser peligroso,  mas un país de ancianos sabios es como un viajar en una noche sin luna. Así pues, que quien haya salvado a su padre se dirija a mí sin temor.

Taasi, tranquilizado, dio un paso al frente:

                –¡Oh, rey! Tus sabias palabras han apaciguado nuestros corazones. Soy yo quien ha salvado a mi anciano padre, y ha sido él quien me ha dictado todas nuestras respuestas.

                –Hazlo venir-dijo el rey-. Estaré encantado de conocer un sabio como él.

 

 

Los jóvenes fueron juntos a buscar al viejo que estaba en la cueva y lo trajeron triunfalmente al pueblo. El rey, reconociendo sus errores y su inexperiencia, tomó al anciano bajo su protección y lo convirtió en su consejero durante el resto de su vida.

 

Y cuentan que a partir de aquel momento, los reyes africanos siempre se rodearon de un ‘consejo de ancianos’

 

 

Cuento AFricano (III)

 

… MBAKAM BUKA BAKA FON TABI ALJANA…

 

… colorín colorado, este cuento ha terminado…

 

 

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